Ser refugiado es una experiencia muy dura, tu vida cambia para siempre

Fuente: Heraldo de Aragón 18/9/2015

En 2008, Siméon Atchakpa, vivía en Togo con su mujer y sus dos hijos pequeños, trabajaba de periodista y tenía una vida tranquila. En agosto de ese año publicó unos artículos críticos tras la muerte de un político de la oposición que apareció muerto en circunstancias extrañas en una playa. Empezó a recibir amenazas, que fueron creciendo y le obligaron a exiliarse. En su huida pasó por Ghana, llegó a Barcelona, donde pidió el asilo, y en 2010 recaló en Zaragoza.

"Ser refugiado es una experiencia muy dura. Dejas tu hogar de la noche a la mañana, sin saber qué va a ser de tu vida, con una incertidumbre total. Tu vida cambia para siempre. Ahora vivo tranquilo y seguro con mi familia en Zaragoza. La situación económica no es la mejor, pero espero que mejore. Algún día me gustaría volver a mi país y volver a trabajar de periodista", hace balance, con hablar pausado y emoción contenida.

Siméon cuenta cómo comenzó a cambiar su vida: "Tras la publicación de los artículos empecé a recibir amenazas, llamadas anónimas, mensajes. Al principio no lo tomé en serio, pero las amenazas fueron creciendo. Me puse en contacto con varias organizaciones, como Amnistía Internacional, y me aconsejaron salir del país. Huí primero a Ghana y en la embajada de España solicité un visado. Me despedí de mi familia y a los pocos días volé a Madrid, y de ahí a Barcelona".

Al principio vivía como inmigrante sin papeles por miedo a que le descubrieran. En marzo de 2009, con ayuda de la asociación ACCEM(una de las que gestiona en España la atención a asilados y refugiados, junto a Cruz Roja y CEAR) solicitó el asilo. "Primero es el miedo y luego viene la burocracia. Hay que tener paciencia y esperar a que se resuelva la solicitud. Mientras, me dieron una tarjeta como solicitante de asilo, que se renueva cada seis meses, permite trabajar y da derecho a ayudas sociales. Durante nueve meses estuve acogido en un piso y recibía 270 euros mensuales. Después, cuando pasó ese periodo, empezó la verdadera aventura", explica.

El azar y un convenio entre Reporteros Sin Fronteras y la Asociación de Periodistas de Aragón le permitieron llegar a Zaragoza en julio de 2010. En octubre de ese año le concedieron el estatuto de refugiado. "La tramitación de mi caso fue rápida, hay gente que pasa años esperando", comenta. En 2011 pudieron venir su mujer y sus hijos, que también habían huido a Ghana.

Siméon ha tenido varios trabajos temporales (montando escenarios en las fiestas del Pilar, en la rotativa de HERALDO DE ARAGÓN, en limpieza, en la organización del Congreso de Periodismo Digital) pero echa de menos más estabilidad laboral. Es consciente de que le ha tocado vivir los años difíciles de la crisis. Ahora tanto su mujer como él están en el paro y desde hace dos meses cobran el IAI (469 euros). Viven en un piso de alquiler social del Ayuntamiento en San Pablo. Él sigue buscando trabajo, mantiene un blog sobre actualidad (Afroredinfo) y es voluntario de Cruz Roja. Sus hijos, de 9 y 13 años, están muy integrados en Zaragoza.

Siméon se emociona y se indigna cuando ve estos días las imágenes de los refugiado sirios. "Espero que se resuelva su situación y puedan recibir ayuda. También hay que recordar otros casos de refugiados que no son tan mediáticos. A la frontera de España con Marruecos también llegan africanos huyendo de guerras", señala.

 


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